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La historia del Agua y los Ríos

 

Nosotros, como muchos otros gatos, nos han distinguido con una raza.

 

Hay gatos Persa, Tonkin, Esfinge, Angora, Siamés... y muchas otras especies que el hombre les ha puesto nombre.

 

Sin embargo, entre nosotros, nos llamamos de otra forma.

 

Hay gatos de las “estirpes rosas” por ejemplo.

 

Son gatitos que tienen nariz y labios rosas y ojos azules.

 

Hay otros que se llaman, “Gatos Reina” y “Gatos Rey”.

 

Estos, son gatos muy sobrios, poderosos, grandes y muy protectores de su espacio donde viven.

 

Te preguntarás entonces, ¿quiénes somos nosotros?

 

A ver... ¡adivina!

 

¿No das?

 

Somos nada menos que, “Gatigres”.

 

Y no es que provengamos de los Tigres. ¡Eso no!

 

Un tigre es un tigre, y un gato... es un gato. Felinos, ambos lo somos, no cabe duda, pero no, definitivamente no somos una mezcla.

 

Nos llaman así, porque a pesar de ser pequeñitos, somos tan valientes como los tigres de Asia.

 

Es curiosa esta semejanza, pues a pesar de que los tigres son de ese continente, nosotros nacimos en África. Y en ese continente, no hay tigres.

 

Gatos, sí, de varias clases, pero no tigres.

 

A nosotros nos llaman así por ser valientes y gustarnos mucho el agua.

 

No sabíamos que nos gustara, ni tampoco que fuésemos tan valerosos.

 

Un día lo descubrimos por accidente.

 

Estábamos muy campantes acostados sobre una piedra para que el sol calentara nuestra piel, cuando de pronto, ocurrió algo muy extraño.

 

Las nubes en el cielo se acumularon, y luego de un tiempo se pusieron grises, muy grises, hasta ponerse casi negras.

 

Entonces, éstas nubes comenzaron a arrojar algo.

 

Era nada menos que ¡agua!

 

No conocíamos esta forma. Esto es, que el agua cayera del cielo. Sabíamos sí que era el agua, porque del suelo en la tierra donde vivíamos - en África - surgía sola; esto es, formaba manantiales, para entonces de ahí beberla.

 

Nunca, sin embargo, creímos que el agua fuera a caernos encima, como esa vez ocurrió.

 

Sorprendidos, los hombres y animales corrieron a protegerse en lugares donde no les cayera el agua del cielo. Y como nosotros estábamos encima de las rocas, a alturas muy altas, no logramos llegar a los sitios donde todos se guarecían.

 

De esta forma, el agua nos mojó por completo, y como decidimos quedarnos donde estábamos, tomando el sol, ahí nos fue a caer el diluvio.

 

Pero, sabes... ¡el agua nos gustó tanto!

 

Y nosotros también, le gustamos mucho al agua.

 

Al terminar su caída de la nubes y ser evaporada por el sol de África, todos los seres vivos del planeta fueron a averiguar qué había ocurrido con nosotros.

 

Nos encontraron aún mojados, y aquellas gotas que resbalaban de nuestros cuerpos, formaron líneas onduladas sobre nuestro pelaje.

 

La gente y los animales se sorprendieron mucho. Y nosotros... ¡también lo estábamos!

 

Mis hermanos, primos y papás, se veían raros.

 

Tenían nuevos colores en su piel.

 

Antes, éramos de color rojizo, como la tierra, pero ahora, habíamos quedado... manchados, con unas extrañas líneas de color marrón rojizo.

 

Entonces, mientras todos admiraban nuestra nueva apariencia, las gotas que en el pelaje habían quedado atrapadas, hablaron así:

 

“Como agua, decidimos llegar a ustedes, de hoy en adelante, a través del cielo.

 

“Seguiremos llegando a ustedes como antes lo hacíamos, a través de manantiales que surgen de la tierra... pero, es tiempo de que, lleguemos a más habitantes del planeta, y para lograrlo, lo haremos desde el cielo”.

 

- Pero, es un error eso – dijo una jirafa. – El sol te evapora y  vuelves a subir al cielo. ¿Cómo puede ser mejor eso que llegar por debajo de la tierra?

 

Entonces, al terminar de decir esto la jirafa, se produjo un ruido que nunca habíamos escuchado.

 

Un rumor, desde muy lejos, como un ronrronido, muy pero muy fuerte, provino de una alta montaña que se acercaba hacia nosotros.

 

Giramos la cabeza para ver qué era lo que se acercaba, y descubrimos que era... ¡agua moviéndose!

 

Era mucha, en gran cantidad. ¡Mucha, mucha, mucha!

 

Cruzó por un costado de donde nos encontrábamos, encaramados en lo alto de unas rocas, y con asombro vimos entonces que toda esa agua que se movía, estaba creando un surco en la tierra.

 

- Es una rivera... – dijo el agua – y el surco se llama río. Es una palabra que, recordará a todos los seres del planeta – continuó diciendo el agua de nuestro pelaje – que de hoy en adelante cuando caigamos del cielo, deberán tener cuidado, pues comenzarán a formarse ríos en todo el planeta.

 

Por eso, y como homenaje, ustedes como gatos, tendrán en su pelaje estas líneas que semejan estos nuevos cuerpos de agua sobre la faz del planeta.

 

En otras partes de la Tierra está ocurriendo lo mismo, y gatos como ustedes, más grandes o chicos,  llevarán en su pelaje la historia que a partir de hoy deberán difundir – terminó de hablar amablemente el agua, y después se evaporó.

 

Desde entonces, los tigres, y algunos gatos que se le ve como a nosotros estas líneas onduladas como ríos, perpetúan el momento aquel.

 

Somos desde entonces, “Gatigres”, por valientes, pero también, por perpetuar por tanto tiempo en nuestras líneas de piel, aquella historia que ocurrió hace muchos, muchos años.

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 Joel Nava Polina
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