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La verdadera historia de los Pez Gato
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7 vidas felices

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Este modelo: $500 / TM $350 / TCh $230 / Las piezas están individualizadas, ninguna repite colores

Por: Joel Nava Polina
DR 2007 México DF 
La historia que esta vez te narraré, tiene su origen en el mar.
Si  te preguntaras ¡qué tiene que ver un gato y el mar; y si me molestaría responder - en caso de que formularas un cuestionamiento de tal índole? Te respondo inmediatamente:
“1.- Tenemos mucho en común; y 2.- no tengo ninguna razón por la cual no te resolvería esa duda”.
Yo sé que es algo complejo para ti comprender, sin conocer la historia, porqué un gato como yo, ¡tiene cola de pez!
Habrás pues de saber, que, ¡yo soy amigo acompañante  de una sirena!
Así de fácil es la respuesta.
No te habías percatado que ¿también las sirenas podrían tener sus propios amigos felinos, al igual que los tienes tú?
A, pues, ¡ahí tienes! Ellas también los tienen.
Yo, y muchos como yo, que vivimos en el mar, somos amigos de sirenas. Ellas nos cuidan y nos quieren, pero de vez en cuando, por ser tan buenas, nos comparten con ustedes.
Y es que, sabes, las sirenas siempre han sido felices, pero cuando la artista mexicana Vanessa Salas, descubrió algo muy importante, fue que decidió darnos vida.
“¿Podría hacer que sean más felices de lo que ya son ustedes?”  preguntó un día  Vanessa a una sirena amiga suya que conoció en el mar.
- ¡Claro que puedes hacer algo para que vivamos muy felices, más de lo que somos! – le respondió una muy bella de ojos color azul turquesa y cabello rojo y largo como algunos sargazos del mar.
Y es que, - le contó entonces un secreto a Vanessa-  nosotros vivimos de felicidad. Y si un día estamos tristes, podrían entonces comenzar a desaparecer.
Ese secreto produjo gran inquietud a nuestra artista, y por esa razón, fue que entonces, sin  perder más tiempo, Vanessa se puso a trabajar en ideas para que su amiga y las compañeras marinas de ella, nos desparecieran.
Al volver a su casa, en Guanajuato, y luego de terminar sus vacaciones en el mar, y despedirse de su amiga, se puso a trabajar.
Muchas horas estuvo pensando Vanessa cómo podría contribuir a aumentar la felicidad de las sirenas.
Le llegaron ideas muy interesantes, como... transmitir a sus amigos que los mares del mundo deben ser cuidados, y por tal razón, ser cuidadosamente protegidos.
Vanessa se puso muy contenta con la idea que acababa de generar, y entonces, al anochecer, cuando fue a dormir, entabló comunicación vía sueños, con si amiga de cabellos rojos.
Greta entonces le respondió (ese es el nombre de la amiga sirena de Vanessa): “... esa es muy buena idea, y  nos hace muy felices...”.
Le dio las gracias a su amiga, y en cuanto se despertó nuestra artista se propuso crear otra idea para practicarla y hacer felices a las sirenas.
Muchos días pasaron y muchas noches Vanessa estuvo comunicando a Greta todas las que iba generando.
Una noche sin embargo, la artista encontró apesadumbrada a su amiga Greta.
- Quiero ayudar a que desaparezca tu tristeza – le dijo Vanessa a su amiga.
- No sé .... – meditó un poco Greta antes de responder a su amiga... - , esta vez, si puedas ayudarme. Las ideas que nos has dado para que continuemos siendo felices nos ayuda mucho, pero sabes... – y le dio en voy baja, como sin tuviera vergüenza de comunicarle que... -, a veces nos sentimos un poco solas.
Vanessa se sorprendió mucho con esa revelación, y arguyó:
- Pero..., y los peces..., los delfines..., las ballenas y... demás animales marinos, ¡no les hace sentirse acompañadas? – preguntó Vanessa a Greta.
- No es lo mismo, ellos son amistades que nos acompañan, y los acompañamos, pero...
Greta se quedó un tiempo callada, en tanto miraba saltar y jugar de aquí para allá a “Monina”, la preciosa gata que acompañaba a Vanessa a todas partes que ella fuera, incluso, hasta en los sueños.
Vanessa sintió entonces que en su corazón nacía algo. Se dio cuenta por primera vez que, en un sueño una nueva idea se le estaba revelando.
- No te preocupes más, Greta – pidió Vanessa a su amiga.- Mañana nos encontraremos aquí de nuevo, en mis sueños, y te diré que haremos.
Las amigas se despidieron, y al despertar Vanessa se puso a trabajar en su casa (que también es su taller donde trabaja).
Bueno, ¡imagínate...! tan emocionada estaba al despertarse, que olvidó desayunar, y luego olvidó comer, y olvidó también cenar.
Durante la mañana, medio día, tarde y noche, Vanessa se la pasó en el interior de su taller. Sólo dio muestras que de que estaba bien, cuando pidió a su novio que fue a visitarla, le hiciera un gran favor.
“Cómprame por favor una pecera redonda, grande y cristalina en el acuario; ah, y que le pongan agua salada... es muy importante...”.
Su novio le aseguró que le llevaría todo por la tarde, y entonces Vanessa continuó trabajando.
Quien sólo la acompañaba, claro, era nada menos que ¡Monina! Pero ese dìa, estuvo muy inquieta y platicadora.
Sólo se escuchaba el “miau, miau” por aquí y por allá, además de un muy fuerte ronroneo.
Vanessa le decía: “que bueno que estés contenta Monina.... me gusta que te agrade mi trabajo... tù me inspiras mucho...”.
Y así, una y otra vez, la artista hablaba a Monina, y Monina de le respondía con maullidos de contento.
Luego entonces, hacia la media noche, se escuchó un sonoro y alegre: “¡Terminé!”.
Nuestra artista, cansada pero muy alegre, llamó a Monina y le dijo: “Te presentó a... “cola de pez”.
Y entonces se escucharon dos tipos distintos de maullidos saludándose.
El de Monina, y el de Cola de Pez. O sea, ¡el mío!
Vanessa me miraba con una sonrisa de satisfacción y alegría, y de vez en vez daba un retoque aquí y otro allá  a mis bigotes y mis ojos. Y sólo cuando estuvo satisfecha, me introdujo en la gran pecera que había llevado su novio, para, por primera vez ser introducida en agua salada, muy parecida a la del mar.
Mi creadora estaba muy contenta, pero también muy cansada. Y sólo se percató que se había  quedado dormida en su mesa e trabajo, cuando Greta la llamó con un susurro al oído.
- Querida , despierta... sueñas que estás dormida...
 
Vanessa entonces abrió sus ojos. Miró a un lado y al otro, y se percató que, en efecto, estaba ya en sus sueños.
De pronto, dijo,  desperezándose y dando un gran bostezo: ”... amiga... te traigo un obsequio...”.
- ¡Para mi? – respondió Greta con asombro pero feliz de la vida.
- Todo para ti.
Vanessa entonces retiró el lienzo con el que había cubierto la pecera justo antes de que se quedara tendida, dormida, en su mesa de trabajo.
Greta emitió un grito de felicidad al verme.
Ahí estábamos. Mirándonos a los ojos. Vanessa estaba que no creía lo que veía. Tanta felicidad emanábamos Greta y yo al vernos, que olvidó decirme que yo podía vivir tanto fuera del agua, como dentro de la misma.
Cuando se dio cuenta del error, metió las manos en el agua y me sacó, para entregarme inmediatamente en los brazos de su amiga, hoy ¡también mi amiga!
Desde entonces, Vanessa comenzó a crear gatos cola de pez como yo, para todas y cada una de las sirenas del mundo.
Como regalo, las sirenas dieron a Vanessa toda suerte de buenos deseos y mimos.
Mimosa incluso, se enceló un poco por tanto cariño que le prodigaban; pero se dio cuenta que no podían competir con el aprecio que ella le daba, porque, a fin de cuentas, a Vanessa la veía diario, y en todo momento, y a sus amigas sirenas, que también ya lo eran suyas, sólo las miraba de vez en cuando, durante los sueños que ella tenía por las noches.
Desde entonces, las sirenas están siempre acompañadas. Son felices con nosotros, pero lo son más cuando la gente hace cosas importantes por los mares.
Sobre Vanessa, les cuento algo  muy bonito.
Ella también recibió un regalo. No de parte de las sirenas. Sino de los hombres.
Un día, exhibió a unos señores en Guanajuato una gato cola de pez como yo en un lugar muy importante, y le dieron el Segundo Lugar Nacional en la categoría de Nuevos Diseños, oferta Exportable e Innovación Artesanal del FONART (Fondo Nacional para el Fomento a las Artesanías) en el año 2003, y en el 2004 fue galardonada con el Segundo Lugar Estatal del VIII Concurso de Creatividad Estatal en Guanajuato.
Desde entonces, Vanessa Salas, nos crea a mano, de uno en uno, y nos pinta para que tanto las sirenas, como los amantes tengan un acompañante único.
Soy un juguete artístico único que debe ser tratado con amor. Nunca ser lavado, planchado, o ser expuesto al fuego. Puedes, sí limpiarme con un lienzo húmedo, pero nunca mojado.
Y “colorín, colorado”, esta historia que ha terminado... promete que le seguirán muchas nuevas más

FIN
La Idea, textos y concepto de este espacio, pertenecen a
 Joel Nava Polina
Copy Right 2006, 2007
Todos los derechos reservados.
México DF
Aquellos textos firmados por sus autores, les corresponde sus respectivos derechos de autoría.
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